La ragazza con la valigia

El acto de secarse al salir de la ducha es autolítico e irritante y las únicas toallas que secan son las feas. Por muy rápido que una sea, no se acaba nunca y hay zonas del cuerpo que se resisten con maldad.
Si no fuera porque soy adicta a la crema hidratante, hace años que hubiera prescindido de ese mal trago cotidiano.
De las mini maletas no quiero ni hablar. Cuando salgo de Madrid, voy horrorosa, inadecuada o congelada. Y la culpa de esto la tiene mi verdadera fobia y rechazo biológico al rito de elegir unas prendas doblarlas e introducirlas en un cubículo pesado e incómodo, donde se arrugarán....
Y no es pereza, es que pienso que el estilismo es caprichoso, y paralelo al estado de ánimo y me resulta antinatural predecir y encerrar mi cerebro en una caja, con cinco días de antelación. Y no tiene ningún glamour.
Por todo esto, tengo la intención de hacerme rica a corto plazo para no volver jamás a planchar, ni a hacer maletas, ni a pensar siquiera, y cuando lo sea me haré secar, como Victoria Beckham se hace abrir los regalos por sus complacientes mayordomos.
Libellés : Visto-luego-existo

















