lundi, janvier 21, 2008

1,2,3,4

jeudi, janvier 17, 2008

La fuerza del cariño

Para una muchacha civilizada dar de mamar es como introducir los pezones por las bisagras de una puerta y que la cierren.
Antaño se consideraba la lactancia un tanto áspera y vulgar (las refinadas mujeres de mi familia jamás lo hicieron) pero hoy los dictados de la OMS y de la moda han acordado que lo bueno es ser natural y amamantar a tus crías, y que los pechos son para eso y que si no los empleamos, por muy monas que seamos las mamás, acabarán desapareciendo como lo han hecho algunos tejidos u órganos que en la evolución natural del organismo resultaron innecesarios.
Durante años sostuve que no lo haría pero queridos amiguitos, desde el nacimiento de mi pequeño mamífero, esta vuestra sufrida narradora se halla, cual aya, despechugada doquiera que fuere.
Compungida de dolor y de pudor descargué mis penas en el glamoroso hombro de mi amiga Natalia y le dije que yo no quería ser como Afrodita-pechos-fuera, ni ir al Museo del Prado viendo cuadros entre mamada y tetada y que me daba muchísima vergüenza la catetada del pañuelito tapa-teta.
Como lo hacía llorando, mi médico me pautó un enorme Speedy de L.Vuitton y Natalia me aconsejó cubrir mi rostro y no mi pecho, que en estos casos es lo más ad-hoc.
¡Mano-de-santo!

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