
Hoy y seguramente debido a mis sinsabores hipotecarios, ha volado a mi chirigota el negado y rechazado recuerdo del Dr. Howser y ahora siento una terrible presión en ambos pechos porque necesito comprarme esa serie o verla de nuevo, convencida de la genialidad incuestionable de su creador y/o guionista que es un Rey-Mago-del-Humor y del Soap-Opera, terapeuta-para-minorías-marginales-y/o-freaks.
Entre los rasgos diferenciales y muy notables de esta creación de principios de los 90 destaca el singularísimo casting. Un quinceañero sajonísimo famélico, pelirrojo, con gafitas y pequitas, mientras en todas las series del universo infanto-juvenil-americano, el protagonista es un buenorro-capitán-del-equipo-de-football y su acólito (personaje secundario) otro-buenorro-pero-latino-con-tirantes-que-parece-tarzán.
Pues resulta que este zangolotino, dejado de la mano de la genética, es superdotado (en estados unidos son muy de los superdotados) y a los 10 años ha terminado la carrera de medicina con las más lisonjeras calificaciones o como dirían ellos (With Honors) y, por si fuera poco, se llama Doogie, que preciosidad…
El hilo argumental es perfectamente predecible (no así la estructura que es tan absurda como fantástica). El Dr. Howser, en España “Un médico precoz”, jajaja, no para de operar a todo el mundo y hace el bien, sin-mirar-a-quien, dentro y fuera del hospital y en sus ratos libres se esfuerza por redimir a un italiano (inmigrantes impopulares en estados unidos), que es judío, saca malas notas y a veces echa un pitillo (en estados unidos fumarse un pitillo es más grave que asesinar en serie, de hecho hay más asesinos en serie que fumadores; ojo! esto no es una crítica, en España hay más horteras que fumadores lo cual me parece infinitamente más dramático y aburrido).
El final de cada capítulo es paralelo: noche cerrada, Doggie está en pijama (es la única escena donde sale sin su bata blanca y su fonendo), frente a un ordenador personal a juego con las botas hinchables de Astrako, y de-esa-guisa, realiza un comprometido análisis de conciencia con moraleja-y todo-eso-de-bla-bla-buen-corazón.
En fin, simplemente quería recordaros esta golosina perla del kistch. Por otra parte, curioseando he descubierto que actualmente, es gay (a título informativo) y le falta un tornillito, como veis. Los niños prodigio es que gastan todos sus recursos de portarse muy bien y ser ideales de pequeños y por eso de mayorcitos se hacen yonkis y disolutos y conducen a altas velocidades y les gustan los snuff movies.
Recientemente nuestro sensato Doggie ha protagonizado una película titulada: “Dos colgaos muy fumaos”. Por favor, por favor, que le amo, que me enamoro.
Libellés : Faalinda 8 1/2